La identidad de género se define como la vivencia interna y personal que cada persona tiene de manera individual. Es decir, como se siente, reconoce y define; que puede o no corresponder con su sexo al nacer; mujer, hombre o no binario.
Y si es algo tan personal, ¿por qué sigue siendo un tema de debate? Porque aún vivimos en una sociedad donde no siempre se reconoce, respeta ni garantiza esa identidad. Reconocer, respetar y garantizar la identidad de cada persona constituye un principio esencial para la construcción de una sociedad más inclusiva, equitativa y libre de discriminación.
En este sentido, el día de ayer presenté una iniciativa local para reformar el código civil que le garantice a niños, niñas y adolescentes el reconocimiento legal de su identidad de género; priorizando el interés superior de la niñez y sus derechos humanos. La propuesta retoma criterios de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, que señalan que negar la modificación de documentos de identidad a menores vulnera sus derechos fundamentales.
Posterior a la presentación, me reuní con la presidenta y el vicepresidente del Comité de Diversidad de Tlaxcala, justo con el director del Programa de VIH y Derechos Humanos del Colectivo LGBTTI+ de Tlaxcala; quienes confirmaron la importancia de darle voz y visibilidad a las dificultades que presentan las personas trans y no binarias desde edades muy tempranas para auto reconocerse y ser reconocidos por los demás. Barreras a nivel personal, social e institucional que generan estrés y exclusión.
La transfobia, prejuicios, falta de apoyo familiar, violencia, acoso, discriminación laboral, limitación de acceso a la salud y falta de reconocimiento legal; son solo algunos de los múltiples obstáculos significativos que enfrentan las personas trans y no binarias, como parte de la diversidad sexual y de género.
La falta de espacios seguros, aunado al escaso conocimiento sobre la diversidad sexual en la sociedad, promueven estos obstáculos, señalando la necesidad de un mayor enfoque en la sensibilización y respeto a la identidad autopercibida.
Reconocer la identidad de género no es una concesión, es un acto de justicia. Implica entender que detrás de cada historia hay una persona que merece vivir con dignidad, sin miedo y con las mismas oportunidades que cualquier otra.
Los avances legales son importantes, pero no suficientes por sí solos. Es necesario acompañarlos con un cambio social profundo que promueva el respeto, la empatía y la inclusión desde todos los espacios: la familia, la escuela, las instituciones y la vida pública.
Garantizar el reconocimiento de la identidad de género, especialmente en la niñez y adolescencia, no solo atiende una deuda histórica, sino que también sienta las bases de una sociedad más humana, donde nadie tenga que luchar por ser quien es.
Diputada local
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